Ningún hombre podía obligar a otro a cumplir este mandato, ya que nadie es capaz de leer el corazón. Ahora bien, el mandamiento elevaba la Ley a un nivel superior al de la justicia humana, pues hacía conscientes a los israelitas de que eran responsables directamente ante Jehová, quien sí puede leer el corazón (1 Samuel 16:7). Además, este mandamiento llegaba a la raíz misma de muchos actos ilícitos (Santiago 1:14).
La ley contra la codicia exhortaba a los israelitas a no quejarse por sus circunstancias y a no ser materialistas ni avariciosos. Además, los protegía de caer en la tentación de robar o cometer actos inmorales. A nuestro alrededor siempre habrá quienes tengan posesiones que nos atraigan o quienes de una forma u otra parezcan tener más éxito que nosotros en la vida. Por eso, si en tales ocasiones no controlamos nuestros pensamientos, podríamos sentirnos desdichados y llegar a envidiarlos. La Biblia indica que la codicia forma parte de “un estado mental desaprobado”. Sin duda alguna, estamos mucho mejor sin ella (Romanos 1:28-30).
Hoy, el espíritu que reina en el mundo promueve el materialismo y la competencia. La propaganda despierta el deseo por los nuevos productos y transmite la idea de que no seremos felices si no los poseemos; este es precisamente el tipo de espíritu que la Ley de Jehová condenaba. Un afán semejante es el de acumular riquezas y el de ser alguien en la vida a toda costa. El apóstol Pablo escribió al respecto: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10).
Quienes amamos la ley de Dios tenemos reconocer los peligros que esconde un espíritu materialista y protegernos de él. El salmista, por ejemplo, pidió a Jehová: “Inclina mi corazón a tus recordatorios, y no a las ganancias. La ley de tu boca es buena para mí, en mayor grado que miles de piezas de oro y plata” (Salmo 119:36, 72). Si estamos convencidos de la veracidad de estas palabras, mantendremos el equilibrio necesario para eludir los lazos del materialismo, la avaricia y la insatisfacción. Para obtener la mayor ganancia posible, la clave reside en practicar la “devoción piadosa”, no en acumular bienes materiales (1 Timoteo 6:6).
mayo 12, 2022 a las 3:53 am
Ningún hombre podía obligar a otro a cumplir este mandato, ya que nadie es capaz de leer el corazón. Ahora bien, el mandamiento elevaba la Ley a un nivel superior al de la justicia humana, pues hacía conscientes a los israelitas de que eran responsables directamente ante Jehová, quien sí puede leer el corazón (1 Samuel 16:7). Además, este mandamiento llegaba a la raíz misma de muchos actos ilícitos (Santiago 1:14).
La ley contra la codicia exhortaba a los israelitas a no quejarse por sus circunstancias y a no ser materialistas ni avariciosos. Además, los protegía de caer en la tentación de robar o cometer actos inmorales. A nuestro alrededor siempre habrá quienes tengan posesiones que nos atraigan o quienes de una forma u otra parezcan tener más éxito que nosotros en la vida. Por eso, si en tales ocasiones no controlamos nuestros pensamientos, podríamos sentirnos desdichados y llegar a envidiarlos. La Biblia indica que la codicia forma parte de “un estado mental desaprobado”. Sin duda alguna, estamos mucho mejor sin ella (Romanos 1:28-30).
Hoy, el espíritu que reina en el mundo promueve el materialismo y la competencia. La propaganda despierta el deseo por los nuevos productos y transmite la idea de que no seremos felices si no los poseemos; este es precisamente el tipo de espíritu que la Ley de Jehová condenaba. Un afán semejante es el de acumular riquezas y el de ser alguien en la vida a toda costa. El apóstol Pablo escribió al respecto: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10).
Quienes amamos la ley de Dios tenemos reconocer los peligros que esconde un espíritu materialista y protegernos de él. El salmista, por ejemplo, pidió a Jehová: “Inclina mi corazón a tus recordatorios, y no a las ganancias. La ley de tu boca es buena para mí, en mayor grado que miles de piezas de oro y plata” (Salmo 119:36, 72). Si estamos convencidos de la veracidad de estas palabras, mantendremos el equilibrio necesario para eludir los lazos del materialismo, la avaricia y la insatisfacción. Para obtener la mayor ganancia posible, la clave reside en practicar la “devoción piadosa”, no en acumular bienes materiales (1 Timoteo 6:6).