Pudiéramos decir que al crear al hombre a su imagen y dotar a la humanidad de la capacidad y aptitud para amar, Dios, de hecho, nos ha inclinado, aunque ahora somos pecaminosos, a ser amorosos. Por otra parte, también, Dios nos ha enseñado a amarnos unos a otros por medio de repetidas veces hacer del ejercer amor un mandato. Según Jesucristo, uno de los dos mandamientos principales de la ley de Dios a Israel fue: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo.” El discípulo Santiago llamó a esta ley “la ley real.” (Mat. 22:39; Lev. 19:18; Sant. 2:8) Sin embargo, hablando como representante de Dios, Jesús reveló que los cristianos deben tener amor aun superior, y amarse unos a otros tal como él había amado a sus discípulos. (Juan 13:34; 1 Juan 3:16) Pero de otra manera especialmente atrayente Dios ha enseñado a la
humanidad a amarse unos a otros.
Por consiguiente Dios no solo nos manda que nos amemos unos a otros, sino que muestra por medio de ejemplo cómo debemos hacerlo. (Mat. 5:44, 45) Su más excelente ejemplo de mostrar amor es la provisión de su más preciosa posesión para provecho nuestro. La Biblia explica: “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que nosotros consiguiésemos la vida por medio de él. . . . Amados, si Dios nos amó así a nosotros, entonces nosotros mismos estamos obligados a amarnos los unos a los otros.”—1 Juan 4:9-11.
El apóstol Pedro habló del “amor fraternal sin hipocresía como resultado,” ¡sí, una hermosa relación familiar de hermandad y amor! Y por eso, en nuestro aprecio, ¿qué es vital que hagamos? Pedro agrega: “Ámense unos a otros intensamente desde el corazón.”—1 Ped. 1:22. [email protected]
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Juan 14:26
Es el único q esta en la tierra intercede por nosotros mediante la sangre de Jesús que gracias a su amor rogó al padre para que nosotros no quedemos solo.. No te olvides de mencionar al Espíritu Santo… En los textos bíblicos… Dios en el antiguo Testamento se manifestaba distinto.. Cuando nuestro señor Jesús vino murió por nosotros aún no mereciendo, resucitó y cuando volvió al cielo, el nos dejó al Espíritu Santo que nos guía y hace que nuestras oraciones sean elevadas sin el nada somos…
EL ANTROPÓLOGO George Dorsey calificó de “despiadado” al Dios del “Antiguo Testamento”, y añadió: “Yavé no es […] nada atrayente. Es la divinidad de los saqueadores, torturadores, guerreros y conquistadores”. Hay quienes han llegado a conclusiones parecidas con relación al Dios del “Antiguo Testamento”, Yavé, o Jehová. De ahí que algunos se pregunten si en realidad Jehová fue un Dios cruel que con el tiempo cambió su personalidad para convertirse en el Ser afectuoso y compasivo del “Nuevo Testamento”.
Este concepto del Dios de la Biblia no es ninguna
novedad. El primero en postularlo fue Marción, semignóstico del siglo segundo de nuestra era, que rechazaba al Dios del “Antiguo Testamento”. Opinaba que era violento y vengativo, un tirano que recompensaba materialmente a los que lo adoraban. Por otra parte, calificó al Dios del “Nuevo Testamento” —a quien reveló Jesucristo— de Ser perfecto, todo amor y misericordia, gentileza y perdón.
El propio nombre de Dios, Jehová, significa “Él Hace que Llegue a Ser”, lo que implica que Jehová hace que él mismo llegue a ser el Cumplidor de sus promesas. Cuando Moisés le preguntó el nombre, Jehová dio más detalles sobre su significado con las palabras: “Yo resultaré ser lo que resultaré ser” (Éxodo 3:14). La versión inglesa de Rotherham lo vierte así: “Yo Llegaré a Ser lo que yo quiera”.
De modo que Jehová opta por llegar a ser o resulta ser cuanto sea necesario para cumplir sus justos propósitos y promesas. Prueba de ello es el hecho de que ostenta una impresionante gama de títulos y términos descriptivos, como Jehová de los ejércitos, Juez, Soberano, Celoso, Señor Soberano, Creador, Padre, Magnífico Instructor, Pastor, Oidor de la oración, Recomprador, Dios feliz. Él ha decidido ser todo lo que estos títulos denotan y mucho más, con el objeto de cumplir sus amorosos propósitos
(Léase Éxodo 34:14; Jueces 11:27; Salmo 23:1; 65:2; 73:28; 89:26; Isaías 8:13; 30:20; 40:28; 41:14; 1 Timoteo 1:11).
¿Significa lo anterior, pues, que la personalidad de Dios o sus normas cambian? No. Respecto a Él, Santiago 1:17 dice: “Con él no hay la variación del giro de la sombra”. ¿Cómo puede Dios reaccionar ante las condiciones cambiantes y aun así permanecer invariable?
El caso de unos padres afectuosos que asumen diferentes funciones por el bien de sus hijos lo ilustra bien. Durante el transcurso de un solo día, uno de ellos puede hacer de cocinero, amo de casa, electricista, enfermero, amigo, consejero, maestro, persona que mantiene la disciplina, etc. No cambia de personalidad cuando cambia de función, simplemente se adapta a las necesidades que surgen. Lo mismo sucede con Jehová, si bien a una escala muchísimo mayor. Nada limita lo que él mismo puede llegar a ser para cumplir su propósito y beneficiar a sus criaturas (Romanos 11:33).
Por ejemplo, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas Cristianas ponen de manifiesto que Jehová es un Dios de amor y misericordia. El profeta Miqueas, que vivió en el siglo VIII antes de nuestra era, dijo de Jehová: “¿Quién es un Dios como tú, uno que perdona el error y pasa por alto la transgresión del resto de su herencia? Ciertamente no tendrá asida su cólera para siempre, porque se deleita en la bondad amorosa” (Miqueas 7:18). Con el mismo sentir escribió el apóstol Juan las célebres palabras “Dios es amor” (1 Juan 4:8).
Por otra parte, en ambas secciones de la Biblia se presenta a Jehová como el justo Juez de aquellos que de manera repetida y flagrante infringen sus leyes sin arrepentirse y causan daño al prójimo. “A todos los inicuos [Jehová] los aniquilará”, escribió el salmista (Salmo 145:20). En la misma línea de pensamiento, Juan 3:36 asegura: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”.
La personalidad de Jehová y sus atributos principales —el amor, la sabiduría, la justicia y el poder— no han cambiado. Él dijo lo siguiente al pueblo de Israel: “Yo soy Jehová; no he cambiado” (Malaquías 3:6). Aquello sucedió unos tres mil quinientos años después de que creó al hombre. En conformidad con esa declaración divina, un examen cuidadoso de toda la Biblia revela que Dios es inmutable en cuanto a sus normas y cualidades. Jehová no ha suavizado su temperamento a lo largo de los siglos, no le ha hecho falta.
La adhesión incondicional de Dios a la justicia, manifestada a lo largo de la Biblia, no es menor que al comienzo de su trato con la humanidad en Edén, como tampoco es mayor su amor. Los cambios de personalidad que aparentemente se reflejan en algunos pasajes bíblicos son en realidad rasgos característicos de su inmutable forma de ser, que las distintas situaciones y personas con las que trata sacan a la luz, ya que estas exigen actitudes y relaciones diferentes.
Por consiguiente, las Escrituras muestran claramente que la personalidad de Dios no ha cambiado con el paso de los siglos ni lo hará en el futuro. Jehová es la máxima expresión de la constancia y la consecuencia. Es digno de confianza en todo momento. Siempre podemos contar con él.
Esto es excelente y acepto a la vista de nuestro Salvador, Dios, cuya voluntad es que hombres de toda clase sean salvos y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad. Porque hay un solo Dios, Y UN SOLO MEDIADOR ENTRE DIOSY LOS HOMBRES, un hombre, CRISTO JESÚS, que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos de esto ha de darse testimonio a sus propios tiempos particulares. Con el propósito de este testimonio fui nombrado predicador y apóstol —digo la verdad, no miento— maestro de naciones [incircuncisas] en el asunto de la fe y la
verdad.”—1 Timoteo. 1:20 hasta 2:1-7, inclusive.
¿Cuál, pues, es el papel de Cristo en este programa de salvación? “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres [no todos los hombres], un hombre, Cristo Jesús, que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos.”—1 Timoteo. 2:5, 6.
Jesús le contestó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí. Juan 14:6.
«Si ustedes piden algo en mi nombre, yo lo haré.»
Juan 14:14.
«Y ese día no me harán ninguna pregunta. De verdad les aseguro que, si le piden cualquier cosa al Padre en mi nombre, él se la dará.»
Juan 16:23
«dándole siempre las gracias a nuestro Dios y Padre por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.» Efesios 5:20.
El espíritu santo intervino directamente en la vida y ministerio de Cristo. Para empezar, actuó en la matriz de la virgen María y logró algo único en la historia: que una mujer imperfecta concibiera y diera a luz a un hijo perfecto y, por lo tanto, libre del pecado y la condena a la muerte (Lucas. 1:26-31, 34, 35). Además, impidió que Jesús muriera en su infancia, antes del tiempo señalado (Mateo. 2:7, 8, 12, 13). Más tarde, cuando este tenía unos 30 años, fue ungido con espíritu y así recibió el nombramiento como heredero al trono de David y la comisión de predicar el Reino (Lucas. 1:32, 33; 4:16-21). Mediante ese mismo espíritu fue capaz de realizar milagros como sanar enfermos, multiplicar alimentos y resucitar muertos.
A partir del Pentecostés del año 33, el Espíritu Santo ungió a los primeros cristianos(Romanos. 8:15-17; Gálatas. 3:29). Era evidente que el espíritu operaba en ellos, pues les permitía predicar con fervor y efectuar milagros (Hechos. 1:8; 2:1-4; 1 Corintios. 12:7-11).
El Espíritu Santo fomenta la pureza entre los cristianos verdaderos. Los hombres y mujeres que colaboran con el propósito de Dios deben mantener una conducta limpia (léase 1 Corintios 6:9-11). Antes de abrazar la verdad, muchos se entregaban a prácticas inmorales como la fornicación, el adulterio y la homosexualidad, y algunos tenían muy arraigados los deseos pecaminosos (Santiago. 1:14, 15). Pero han hecho los cambios necesarios para agradar a su amado Padre, y por eso leemos que “han sido lavados”. ¿Con qué fuerza combaten los malos impulsos? Como indica 1 Corintios 6:11, “con el Espíritu de nuestro Dios”. Al mantenerse puros, demuestran que han aceptado dicho espíritu como la fuerza dominante en su vida.
Jesús dijo referente al Espíritu Santo:
“Yo le pediré al Padre y él les dará otro ayudante para que esté con ustedes para siempre, el espíritu de la verdad, el cual no puede ser recibido por el mundo, debido a que ni lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque permanece con ustedes y está dentro de ustedes.” (Juan 14:16, 17) “Cuando llegue el ayudante que yo les enviaré desde el Padre, el espíritu de la verdad que procede del Padre, ése dará testimonio acerca de mí.”
(Juan 15:26) “A este Jesús Dios resucitó, del cual hecho todos nosotros somos testigos. Por eso, debido a que fué exaltado a la diestra de Dios y recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, él ha derramado esto que ustedes ven y oyen.”—Hechos. 2:32, 33
En el Pentecostés, no muchos días después, vino el prometido ayudante. “De repente provino del cielo un ruido exactamente igual al de una brisa impetuosa y fuerte, y llenó toda la casa donde se hallaban sentados. Y lenguas como si fueran de fuego se hicieron visibles y fueron distribuídas a ellos, y una se asentó sobre cada uno de ellos, y todos fueron llenados de espíritu santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, así como el espíritu les estaba concediendo hacer declaraciones.” (Hech. 2:2-4) Fueron bautizados en el espíritu y allí fueron engendrados como hijos espirituales de Dios; fueron llenados del espíritu
mayo 6, 2022 a las 3:58 am
Pudiéramos decir que al crear al hombre a su imagen y dotar a la humanidad de la capacidad y aptitud para amar, Dios, de hecho, nos ha inclinado, aunque ahora somos pecaminosos, a ser amorosos. Por otra parte, también, Dios nos ha enseñado a amarnos unos a otros por medio de repetidas veces hacer del ejercer amor un mandato. Según Jesucristo, uno de los dos mandamientos principales de la ley de Dios a Israel fue: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo.” El discípulo Santiago llamó a esta ley “la ley real.” (Mat. 22:39; Lev. 19:18; Sant. 2:8) Sin embargo, hablando como representante de Dios, Jesús reveló que los cristianos deben tener amor aun superior, y amarse unos a otros tal como él había amado a sus discípulos. (Juan 13:34; 1 Juan 3:16) Pero de otra manera especialmente atrayente Dios ha enseñado a la
humanidad a amarse unos a otros.
Por consiguiente Dios no solo nos manda que nos amemos unos a otros, sino que muestra por medio de ejemplo cómo debemos hacerlo. (Mat. 5:44, 45) Su más excelente ejemplo de mostrar amor es la provisión de su más preciosa posesión para provecho nuestro. La Biblia explica: “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que nosotros consiguiésemos la vida por medio de él. . . . Amados, si Dios nos amó así a nosotros, entonces nosotros mismos estamos obligados a amarnos los unos a los otros.”—1 Juan 4:9-11.
El apóstol Pedro habló del “amor fraternal sin hipocresía como resultado,” ¡sí, una hermosa relación familiar de hermandad y amor! Y por eso, en nuestro aprecio, ¿qué es vital que hagamos? Pedro agrega: “Ámense unos a otros intensamente desde el corazón.”—1 Ped. 1:22.
[email protected]
mayo 6, 2022 a las 11:16 am
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Juan 14:26
Es el único q esta en la tierra intercede por nosotros mediante la sangre de Jesús que gracias a su amor rogó al padre para que nosotros no quedemos solo.. No te olvides de mencionar al Espíritu Santo… En los textos bíblicos… Dios en el antiguo Testamento se manifestaba distinto.. Cuando nuestro señor Jesús vino murió por nosotros aún no mereciendo, resucitó y cuando volvió al cielo, el nos dejó al Espíritu Santo que nos guía y hace que nuestras oraciones sean elevadas sin el nada somos…
mayo 6, 2022 a las 2:57 pm
EL ANTROPÓLOGO George Dorsey calificó de “despiadado” al Dios del “Antiguo Testamento”, y añadió: “Yavé no es […] nada atrayente. Es la divinidad de los saqueadores, torturadores, guerreros y conquistadores”. Hay quienes han llegado a conclusiones parecidas con relación al Dios del “Antiguo Testamento”, Yavé, o Jehová. De ahí que algunos se pregunten si en realidad Jehová fue un Dios cruel que con el tiempo cambió su personalidad para convertirse en el Ser afectuoso y compasivo del “Nuevo Testamento”.
Este concepto del Dios de la Biblia no es ninguna
novedad. El primero en postularlo fue Marción, semignóstico del siglo segundo de nuestra era, que rechazaba al Dios del “Antiguo Testamento”. Opinaba que era violento y vengativo, un tirano que recompensaba materialmente a los que lo adoraban. Por otra parte, calificó al Dios del “Nuevo Testamento” —a quien reveló Jesucristo— de Ser perfecto, todo amor y misericordia, gentileza y perdón.
El propio nombre de Dios, Jehová, significa “Él Hace que Llegue a Ser”, lo que implica que Jehová hace que él mismo llegue a ser el Cumplidor de sus promesas. Cuando Moisés le preguntó el nombre, Jehová dio más detalles sobre su significado con las palabras: “Yo resultaré ser lo que resultaré ser” (Éxodo 3:14). La versión inglesa de Rotherham lo vierte así: “Yo Llegaré a Ser lo que yo quiera”.
De modo que Jehová opta por llegar a ser o resulta ser cuanto sea necesario para cumplir sus justos propósitos y promesas. Prueba de ello es el hecho de que ostenta una impresionante gama de títulos y términos descriptivos, como Jehová de los ejércitos, Juez, Soberano, Celoso, Señor Soberano, Creador, Padre, Magnífico Instructor, Pastor, Oidor de la oración, Recomprador, Dios feliz. Él ha decidido ser todo lo que estos títulos denotan y mucho más, con el objeto de cumplir sus amorosos propósitos
(Léase Éxodo 34:14; Jueces 11:27; Salmo 23:1; 65:2; 73:28; 89:26; Isaías 8:13; 30:20; 40:28; 41:14; 1 Timoteo 1:11).
¿Significa lo anterior, pues, que la personalidad de Dios o sus normas cambian? No. Respecto a Él, Santiago 1:17 dice: “Con él no hay la variación del giro de la sombra”. ¿Cómo puede Dios reaccionar ante las condiciones cambiantes y aun así permanecer invariable?
El caso de unos padres afectuosos que asumen diferentes funciones por el bien de sus hijos lo ilustra bien. Durante el transcurso de un solo día, uno de ellos puede hacer de cocinero, amo de casa, electricista, enfermero, amigo, consejero, maestro, persona que mantiene la disciplina, etc. No cambia de personalidad cuando cambia de función, simplemente se adapta a las necesidades que surgen. Lo mismo sucede con Jehová, si bien a una escala muchísimo mayor. Nada limita lo que él mismo puede llegar a ser para cumplir su propósito y beneficiar a sus criaturas (Romanos 11:33).
Por ejemplo, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas Cristianas ponen de manifiesto que Jehová es un Dios de amor y misericordia. El profeta Miqueas, que vivió en el siglo VIII antes de nuestra era, dijo de Jehová: “¿Quién es un Dios como tú, uno que perdona el error y pasa por alto la transgresión del resto de su herencia? Ciertamente no tendrá asida su cólera para siempre, porque se deleita en la bondad amorosa” (Miqueas 7:18). Con el mismo sentir escribió el apóstol Juan las célebres palabras “Dios es amor” (1 Juan 4:8).
Por otra parte, en ambas secciones de la Biblia se presenta a Jehová como el justo Juez de aquellos que de manera repetida y flagrante infringen sus leyes sin arrepentirse y causan daño al prójimo. “A todos los inicuos [Jehová] los aniquilará”, escribió el salmista (Salmo 145:20). En la misma línea de pensamiento, Juan 3:36 asegura: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”.
La personalidad de Jehová y sus atributos principales —el amor, la sabiduría, la justicia y el poder— no han cambiado. Él dijo lo siguiente al pueblo de Israel: “Yo soy Jehová; no he cambiado” (Malaquías 3:6). Aquello sucedió unos tres mil quinientos años después de que creó al hombre. En conformidad con esa declaración divina, un examen cuidadoso de toda la Biblia revela que Dios es inmutable en cuanto a sus normas y cualidades. Jehová no ha suavizado su temperamento a lo largo de los siglos, no le ha hecho falta.
La adhesión incondicional de Dios a la justicia, manifestada a lo largo de la Biblia, no es menor que al comienzo de su trato con la humanidad en Edén, como tampoco es mayor su amor. Los cambios de personalidad que aparentemente se reflejan en algunos pasajes bíblicos son en realidad rasgos característicos de su inmutable forma de ser, que las distintas situaciones y personas con las que trata sacan a la luz, ya que estas exigen actitudes y relaciones diferentes.
Por consiguiente, las Escrituras muestran claramente que la personalidad de Dios no ha cambiado con el paso de los siglos ni lo hará en el futuro. Jehová es la máxima expresión de la constancia y la consecuencia. Es digno de confianza en todo momento. Siempre podemos contar con él.
[email protected]
mayo 6, 2022 a las 3:17 pm
Esto es excelente y acepto a la vista de nuestro Salvador, Dios, cuya voluntad es que hombres de toda clase sean salvos y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad. Porque hay un solo Dios, Y UN SOLO MEDIADOR ENTRE DIOSY LOS HOMBRES, un hombre, CRISTO JESÚS, que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos de esto ha de darse testimonio a sus propios tiempos particulares. Con el propósito de este testimonio fui nombrado predicador y apóstol —digo la verdad, no miento— maestro de naciones [incircuncisas] en el asunto de la fe y la
verdad.”—1 Timoteo. 1:20 hasta 2:1-7, inclusive.
¿Cuál, pues, es el papel de Cristo en este programa de salvación? “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres [no todos los hombres], un hombre, Cristo Jesús, que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos.”—1 Timoteo. 2:5, 6.
Jesús le contestó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí. Juan 14:6.
«Si ustedes piden algo en mi nombre, yo lo haré.»
Juan 14:14.
«Y ese día no me harán ninguna pregunta. De verdad les aseguro que, si le piden cualquier cosa al Padre en mi nombre, él se la dará.»
Juan 16:23
«dándole siempre las gracias a nuestro Dios y Padre por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.» Efesios 5:20.
[email protected]
mayo 6, 2022 a las 3:33 pm
El espíritu santo intervino directamente en la vida y ministerio de Cristo. Para empezar, actuó en la matriz de la virgen María y logró algo único en la historia: que una mujer imperfecta concibiera y diera a luz a un hijo perfecto y, por lo tanto, libre del pecado y la condena a la muerte (Lucas. 1:26-31, 34, 35). Además, impidió que Jesús muriera en su infancia, antes del tiempo señalado (Mateo. 2:7, 8, 12, 13). Más tarde, cuando este tenía unos 30 años, fue ungido con espíritu y así recibió el nombramiento como heredero al trono de David y la comisión de predicar el Reino (Lucas. 1:32, 33; 4:16-21). Mediante ese mismo espíritu fue capaz de realizar milagros como sanar enfermos, multiplicar alimentos y resucitar muertos.
A partir del Pentecostés del año 33, el Espíritu Santo ungió a los primeros cristianos(Romanos. 8:15-17; Gálatas. 3:29). Era evidente que el espíritu operaba en ellos, pues les permitía predicar con fervor y efectuar milagros (Hechos. 1:8; 2:1-4; 1 Corintios. 12:7-11).
El Espíritu Santo fomenta la pureza entre los cristianos verdaderos. Los hombres y mujeres que colaboran con el propósito de Dios deben mantener una conducta limpia (léase 1 Corintios 6:9-11). Antes de abrazar la verdad, muchos se entregaban a prácticas inmorales como la fornicación, el adulterio y la homosexualidad, y algunos tenían muy arraigados los deseos pecaminosos (Santiago. 1:14, 15). Pero han hecho los cambios necesarios para agradar a su amado Padre, y por eso leemos que “han sido lavados”. ¿Con qué fuerza combaten los malos impulsos? Como indica 1 Corintios 6:11, “con el Espíritu de nuestro Dios”. Al mantenerse puros, demuestran que han aceptado dicho espíritu como la fuerza dominante en su vida.
Jesús dijo referente al Espíritu Santo:
“Yo le pediré al Padre y él les dará otro ayudante para que esté con ustedes para siempre, el espíritu de la verdad, el cual no puede ser recibido por el mundo, debido a que ni lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque permanece con ustedes y está dentro de ustedes.” (Juan 14:16, 17) “Cuando llegue el ayudante que yo les enviaré desde el Padre, el espíritu de la verdad que procede del Padre, ése dará testimonio acerca de mí.”
(Juan 15:26) “A este Jesús Dios resucitó, del cual hecho todos nosotros somos testigos. Por eso, debido a que fué exaltado a la diestra de Dios y recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, él ha derramado esto que ustedes ven y oyen.”—Hechos. 2:32, 33
En el Pentecostés, no muchos días después, vino el prometido ayudante. “De repente provino del cielo un ruido exactamente igual al de una brisa impetuosa y fuerte, y llenó toda la casa donde se hallaban sentados. Y lenguas como si fueran de fuego se hicieron visibles y fueron distribuídas a ellos, y una se asentó sobre cada uno de ellos, y todos fueron llenados de espíritu santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, así como el espíritu les estaba concediendo hacer declaraciones.” (Hech. 2:2-4) Fueron bautizados en el espíritu y allí fueron engendrados como hijos espirituales de Dios; fueron llenados del espíritu
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